lunes, febrero 02, 2009

9 AM

Violencia. Asfixia. Jungla de pies subterráneos, de brazos aéreos, de rostros hartos, cansados, sudores, empujones. Magma de gente. Magma de gente que eventualmente desborda el volcán en alguna estación.
Angustia y asfixia que el abanico uqe llevo no puede disipar. Trato de entregarme bovinamente a lo inevitable. Ni siquiera intento asirme de algo, ¿qué sentido tiene? ¿Hacia dónde podría caerme?
Algo impacta contra el vagón. Una piedra, más violencia, gente que intenta aglomerar los centímetros aéreos disponibles para transformarlos en una parcela de este cementerio móvil.
Finalmente, la impotencia frente al empleado. Y yo pensando en las posibles represalias que traerán estas nuevas reglas de juego que yo no quiero jugar.
Una vez más, bovinamente, aturdida, tras el lanzamiento olímpico de certificados de demora -vías de por medio-, quejas reiteradas, pedidos de reciprocidad gremial, ironías, etc., nos es entregado -a unos pocos que decidimos esperar- el valioso certificado, la prueba contundente de uqe todo lo uqe atravesamos, no fue producto de nuestra imaginación apocalíptica, de un ensueño mañanero poco probable.
Yo no hablaré durante todo el conflicto. Me limitaré a guardarme todo esto para mí. Cuando llegue a la oficina, difícilmente pueda contener las lágrimas de alienación y deshumanidad. La carga de violencia, la sacaré luego con el chico que trae los tickets. Tengo la cara de Milhouse cuando tiene el alma de Bart. Cualquiera de mis sonrisas es siniestra.

1 comentario:

  1. una ebullicion por debajo de otra ebullición. ¿cual estallará primero?

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