miércoles, diciembre 15, 2010

Corrí como si en eso se me fuera la vida (y se me iba).
Corrí con desesperación, con confianza en mi buena suerte.
Corrí enojada conmigo, con mis olvidos, con mis distracciones.
Corrí, corrí y corrí. Hasta que llegué al bar y ahí, junto a la mesa, tal como la había dejado yo, estaba la bolsa. La bolsa, de las tostadas, de la ensalada de frutas, de las múltiples remeras -sucias y limpias-, pero por sobre todo, la bolsa que entre todas esas cosas fútiles y olvidables tenía un corazón rojo partido en dos, con forma de zapatos flamencos.

4 comentarios:

  1. Digame q casi no se le escapó una lagrimita de alegría cuando vió la bolsa.

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  2. Mire q aunque a veces no comente (a mi también se me pianta la inspireta) siempre leo eh!.

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  3. Qué momento intenso, ese instante donde contenés la respiración y cruzás los dedos de las manos y de los pies (por qué no?)rezando para que nadie se haya "encariñado" con una bolsita simpática.

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  4. Welcome back, Minerva!

    Activista!!!!!!!

    Cada vez que quiero responderle un comment el f**** sistema se confabula y no me deja.

    Cómo está?
    Lo extraño!

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