Me encantan los perfumes. Puedo pasarme horas en los supermercados oliendo los desodorantes y perfumes.
Donde trabajo ahora (como podrán haber leído antes) los perfumes están a la orden del día. Hasta la zona misma es más perfumada. Por eso me gusta subirme a un colectivo, alzar la nariz como un conejito olisqueando la hierba, moviendo las aletas y concentrar el mayor esfuerzo de todos mis sentidos en desarmar el espectro de olores y poder identificar la procedencia, asociarlos con momentos, con colores, con sueños.
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